1. Espumas. Están hechas de poliuretano y existen dos tipos: las autoextinguibles y las ignífugas. Las primeras arden al entrar en contacto con el fuego, no obstante se van apagando poco a poco y no se propaga la llama. Las segundas, en cambio, no llegan a arder en ningún momento.

Las espumas se utilizan para marcos de ventanas y puertas, sirven como relleno de elementos constructivos. También se utilizan en paredes y techos, ya que son aislantes. Se debe tener en cuenta el lugar donde se aplican ya en función de esto será recomendable aplicar una u otra. Además, una de las ventajas más destacables de las espumas es que ayudan a que el consumo de energía sea menor gracias a su aislamiento.

2. Placas de fibrosilicato y cartón yeso. Estos materiales de construcción son protectores de estructuras (vigas, techos, madera, etc.). Las placas están compuestas por un yeso especial y una fibra de vidrio, lo que las convierte en ignífugas. Posteriormente, estas placas pueden ser pintadas sin que altere su incombustibilidad.

3. La pintura intumescente se dilata y se hincha al estar expuesta al calor del fuego creando una barrera aislante con burbujas de gas que retrasan la propagación del fuego.

4. Placas de lana roca. La lana roca proviene de la roca volcánica y tiene una estructura fibrosa multidireccional que facilita la instalación de aire entre las fibras. Éstas placas son resistentes al fuego y proporcionan, también, aislamiento térmico.

5. Actualmente hay alfombras y cortinas ignífugas que también evitan la propagación del fuego con tejidos como el poliéster o algunas telas que son tratadas para ser incombustibles.